Cataluña acaba de aprobar una ley pionera en España y en Europa. Se trata de una Ley de Centros de Culto, que garantizará el ejercicio real y efectivo del derecho a la libertad de culto. Esta ley es fruto del desarrollo del principio de libertad de conciencia que ampara, a su vez, la libertad religiosa y de culto. Se trata, pues, de una regulación que ha sido posible gracias al laicismo, y que ha contado con el apoyo de todos los grupos políticos con excepción, como no, del Partido Popular. Con esta ley, Cataluña da una lección de modernidad, avance, y de respeto a las libertades personales y a la igualdad.
Una vez más, el PP se manifestó contra los principios laicos, que son los que fomentan el “respeto a todas las opciones religiosas y de pensamiento, así como a sus valores, como principio integrados y marco común de convivencia”. Así, el PP criticó esta ley por innecesaria y porque el término laicidad va “contra la libertad religiosa”, ignorando que es precisamente la laicidad lo que garantiza el pluralismo y la diversidad de creencias.
En fin, parece que el PP no asume aún que vivimos en un Estado aconfesional, donde el laicismo como movimiento y la laicidad como resultado y como principio constitucional, es fundamento de la libertad de conciencia, pensamiento y creencia de cada cual.

