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Corazón azul

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Contra la trata de mujeres

AISHA

jueves, 30 de octubre de 2008

Aisha Ibrahim fue enterrada hasta el cuello y apedreada hasta su muerte. La ejecución fue llevada a cabo por más de cien hombres, y más de mil personas observaron esta manifestación de inhumanidad. Según testigos presenciales, la agonía de Aisha fue larga y el apedreamiento tan lento que se interrumpió tres veces para comprobar si había muerto. Aisha era una mujer somalí, tenía 23 años y la condenaron a muerte por adulterio. Terrible pero cierto.

Todavía recordábamos bien a la nigeriana Amina Lawal. Su caso movilizó muchas conciencias cuando fue condenada por un tribunal islámico al haberse quedado embarazada fuera del matrimonio. Amina tuvo suerte, debía haber sido lapidada, pero gracias al apoyo de organizaciones como Amnistía Internacional (www.es.amnesty.org) consiguió salvar su vida.

En memoria de Aisha y de tantas mujeres y hombres que han sido condenados a morir, no sólo debemos implicarnos aún más en la lucha contra la pena de muerte, sino en la denuncia del integrismo religioso. Porque Aisha ha sido condenada y ejecutada por el integrismo islámico que, como todos los integrismos, no es más que la manipulación interesada y perversa de un discurso religioso para beneficiar al poder de unos pocos.

Demasiado han matado ya las inquisiciones de muchas de las confesiones religiosas. En Europa sufrimos hasta hace poco la Inquisición del integrismo católico, igual que sufren los países árabes el integrismo islámico. Integrismos todos ellos que obedecen a jerarquías que, cuando quieren, manipulan las palabras de sus profetas para inocular el miedo, imponer el terror y establecer un orden moral excluyente que condena y mata, entre otros, a muchas mujeres, homosexuales, transexuales… sólo por ejercer la libertad. Integrismos que tratan siempre de valerse del Estado para convertir sus distintas sharias o mandamientos en ley civil. El integrismo religioso es una expresión de intolerancia y de machismo, homofobia, racismo, xenofobia… y, por tanto, un auténtico peligro para la convivencia porque violenta los derechos fundamentales de las personas.

No podemos quedarnos impasibles ante atrocidades como la muerte de Aisha y tantas otras. Que la muerte de esta joven no caiga en el olvido y nos ayude a seguir combatiendo a quienes sólo se nutren del odio a la diferencia y practican la barbarie contra quienes quieren vivir en igualdad y en el ejercicio pleno de la libertad de conciencia, de la libertad religiosa y de la libertad sexual.

PD: Me pregunto ¿que habrá pasado con el hombre con el que se supone que Aisha cometió adulterio?

3 comentarios:

Ruth dijo...

¡Buenos días!

Muy buena entrada que nos ayuda a ver las historias que a diario contribuyen a formar la cultura y la historia de diferentes culturas, no habrá quien piense que esto aquí no sucede o no sucedrá, no tendremos atrocidades como está, pero tenemos atrocidade similares, al fin y al cabo siguen siendo atrocidades que atentan en contra de los derechos humanos, en contra de la libertad.
Este caso ya pasó, pero siguen habiendo casos similares, así que debmos tenerlos siempre presente, defender nuestros derechos, involucrarnos y participar en el bien colectivo, dejarnos de individualismo ya que todos formamor parte de un todo, y de la misma manera que a todos aquellos inquisidores que por sus propios beneficios han trasgiversado las creencias religiosas a su antojo, que dejen de mentir, que dejen de utilizar esa estratagemas, que a quienes creemos de corazón, quienes tenemos una fé ciega por convicción, no nos agrada que otros lo utilicen a su antojo, mintiendo y engañando, la fé es ciego, la fé es amor, la fé es verdad, amarnos los unos a los otros, esto es por y para todos por un igual el causar daño, dolor, guerras, conflictos, agresiones, no va unido a la fé, si no como bien dice Pedro a una ideología religiosa, que debido a sus testimonios a la manera de obrar de muchos durante siglos, se está viendo muy perjudicada y deteriorada.

Un abrazote y mucho ánimo.

raquel dijo...

Buenas tardes:
El mundo occidental es perfectamente consciente de las atrocidades que se cometen en los países subdesarrollados, pero cuando vemos las imágenes en televisión o escuchamos el relato de quienes han logrado vivir para contarlo, de repente, nos envuelve un sentimiento de incomprensión primero y de implicación después; implicación para que todo ello no siga adelante, implicación para hacer del respeto la base de convivencia de cualquier sociedad, cuántas veces pronunciamos esta palabra y luego observamos como su puesta en escena no termina de llegar a todos por igual, pues yo pienso que la asignatura más importante de la vida pasa por el respeto al ser humano desde su condición de ser vivo que siente, que sufre, que ríe, que convive con el resto de sus semejantes y con el medio que le rodea, es inútil iniciar cualquier discurso si este punto no se define con la claridad que se merece.

David Carrascosa dijo...

Cierto compañero, no son las palabras la que causan terror sino la interpretación del que las lee. Ha sido un hecho deplorable.

Saludos